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sábado, 1 de abril de 2017

Expectativas

Todo es cuestión de expectativas. Si me dieran a elegir un fórmula matemática, me quedaría con S=P-E. Es decir: satisfacción es igual a percepción menos expectativas. Todo ello es subjetivo y, por lo tanto, toda influencia externa es susceptible de modificar nuestra satisfacción.

Lo típico: si no espero nada de una película y al salir del cine me parece que es una cinta "de 6", esa es mi satisfacción con la peli. Y ahora viene lo interesante: si antes de ir al cine alguien me explica que voy a ver el mejor film que se ha estrenado jamás, situando mis expectativas muy altas (y yo le doy credibilidad a la opinión y me emociono con ello), será difícil salir de la sala con una satisfacción siquiera "de 6". ¿Me explico?

En el deporte, los objetivos que se marca cada equipo deben contemplar esta fórmula; y es habitual que, a excepción de "los grandes", las plantillas hablen con prudencia de las metas y títulos a lograr. Siempre se puede reformular a mitad de temporada, ¿no?

Otro ejemplo es la bolsa: las compañías cotizadas tienen claro el papel de las expectativas. Si prometes a los accionistas un dividendo de 5 y luego entregas 2... ya te puedes imaginar. Sin embargo, si prometes un dividendo de 1,5 y luego entregas 2... ¿lo ves? entregas lo mismo y consigues una satisfacción muy diferente.

También las personas con responsabilidad de gestión de equipos en las empresas lo saben. No en vano, dos de las principales herramientas de gestión de personas son el depende y el gradualismo. La vida es al mismo tiempo muy corta pero también muy larga (con suerte).

Como dice mi admirado Pep Marí, un psicólogo te responderá siempre "depende". Un buen psicólogo, te dirá de qué depende :)

Por cierto, de la política, a pesar de la ilustración de Ferreres, mejor ni hablamos.

Algunas imágenes que explican de forma gráfica el poder de frustración que ejercen las expectativas:





¡Hasta pronto!

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