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martes, 4 de diciembre de 2007

Teatro de la improvisación

Ayer por la noche asistí a una obra de teatro, cortesía de Aedipe, donde los actores improvisan la función, según los temas que propone el público, a priori, escribiendo en un papel lo que les gustaría que se representara, mediante una palabra o una frase.

Una vez en el escenario, cogen al azar un papel del saco que contiene todas las sugerencias, leen en voz alta lo que está escrito por alguien del público e interpretan minifunciones de entre 5 y 10 minutos de duración, hasta un total de 6.

Se trata de un cuarteto de actores con los papeles muy bien repartidos: 2 de ellos ejecutan la función, uno se encarga de arengar al público y de la música y los efectos especiales; el cuarto es el guionista, que en menos de un minuto se inventa la función que los 2 actores van a representar o, mejor dicho, improvisar.

Mientras se junta el cabeza pensante con los 2 actores, el músico improvisa una canción en clave de humor con el tema propuesto.

Si tengo que ser sincero, no me gustó. Admiro la capacidad de crear de la nada una obra de teatro, y estoy seguro de que yo no sería capaz de hacerlo, pero encontré que es un espectáculo arriesgado porque su calidad depende de los temas propuestos por el público, y los temas que sacaron de la bolsa, con perdón, eran bastante malos.

No obstante, es una experiencia que aconsejo y que me hizo pensar además en algo muy interesante que leí este verano en el libro Inteligencia intuitiva, de Malcolm Gladwell:

En el escenario no había nada, salvo media docena de sillas plegables. Mother iba a interpretar lo que en el mundillo del teatro de la improvisación se llama un “Harold”. Consiste en salir a escena sin tener la menor idea del personaje o la obra que se va a representar, aceptar una sugerencia al azar del público y, tras conferenciar brevísimamente, hacer una representación de media hora a partir de cero. (...)

Ninguno de los actores se atrancó, se quedó sin palabras o pareció perdido en ningún momento de la representación. La acción fue avanzando tan suavemente como si los actores hubiesen ensayado durante días. A veces, alguien decía algo que no casaba bien con lo que se hacía. Pero con frecuencia los diálogos eran extraordinariamente divertidos, y el publico aplaudía encantado. (...)

El teatro de la improvisación es un ejemplo magnífico del tipo de pensamiento del que trata este libro. En él intervienen personas que toman decisiones muy elaboradas sobre la marcha, sin contar con ninguna clase de guión o trama. Esto es lo que lo hace tan atractivo y, para ser sincero, tan aterrador. (...)

Lo que más aterroriza de la improvisación es que parece algo totalmente aleatorio y caótico. Da la impresión de que hay que salir a escena y solucionarlo todo allí mismo. Pero lo cierto es que la improvisación no tiene nada de aleatorio ni de caótico. Si tuviesen la oportunidad de sentarse con los miembros del grupo Mother y hablar con ellos largo y tendido, se darían cuenta enseguida de que no son los comediantes impulsivos, ajenos a los convencionalismos y un tanto payasos que probablemente habían imaginado. Algunos de ellos son muy serios y hasta algo pazguatos.

Todas las semanas se reúnen para un largo ensayo. Después de cada representación también se reúnen, y cada uno critica brevemente la actuación de los otros. ¿Por qué practican tanto? Porque la improvisación es un arte regido por reglas y quieren estar seguros de que, cuando salen a escena, todos se atienen a esas reglas. (...)

Una de las principales reglas que posibilitan la improvisación es, por ejemplo, la idea de acuerdo, que se basa en que una forma muy sencilla de elaborar una historia o una creación humorística es hacer que los personajes acepten lo que les ocurre. En palabras de Keith Johnstone, uno de los fundadores del teatro de la improvisación: “(...) Todos somos muy hábiles para inhibir acciones. Todo lo que tiene que hacer un profesor de improvisación para convertir a sus alumnos en improvisadores con talento es invertir esa habilidad. Los malos improvisadores bloquean la acción” (...) Veamos un diálogo improvisado entre dos actores en una clase de Johnstone:

A: Tengo molestias en la pierna.
B: Me temo que hay que amputar.
A: No puede hacer eso, doctor.
B: ¿Por qué no?
A: Porque estoy muy unido a ella.
B: (Abatido). Anímese, hombre.
A: También me ha crecido esa cosa en el brazo, doctor.

La situación se convirtió enseguida en frustrante para los dos actores, incapaces de sacar adelante la escena. El actor A había hecho un chiste bastante bueno (...), pero la escena no resultaba divertida. Johnstone detuvo la representación e identificó la causa: el actor A había violado la regla del acuerdo. Su oponente había hecho una sugerencia y él no la había aceptado. (...)

Los buenos improvisadores parece que tienen telepatía, dan la impresión de que siguen un guión (...) El secreto está en que aceptan todo lo que se les propone, algo que no haría una persona “normal”.

4 comentarios:

Mercedes dijo...

Como en tantas otras situaciones que se nos plantean, se trata de aceptar las reglas del juego para que la acción sea fluida.

Intentar jugar al parchís sin reglas no tiene mucho sentido. El juego se bloquea.

Paquito dijo...

También hay truquillos que se ven en escena si te fijas bien: en Amsterdam hay un espectáculo famosísimo, el "Boom Chicago", donde tienen una parte de improvisación (un actor sale del teatro y otro actor pide a los espectadores que construyan una historia: el actor que ha salido, después, tendrá que adivinar, a través de mímica, de qué va la historia, incluyendo nombres que se han dado dentro de la misma)...

Verlo es divertidísimo e impresiona: pero, insisto, si te fijas un poco, ves las formas que tienen de hilar historias: todo parece casual y, por supuesto, no lo es...

Un saludete,

Paquito.
http://paquito4ever.blogspot.com

Enric dijo...

¿La obra no se llamaría Improfighters?, por casualidad... Si no es esa, es exactamente igual. Yo la fuí a ver y la verdad es que estoy de acuerdo en que si el tema o palabra propuesta por el público es mala, la escena se convierte en mala, pero tuve la suerte de asistir un día en que el público estabamos inspirados y salí de allí riendome sin parar. Va como va...

intoku dijo...

No era improfighters, se llaman IMPREBIST y son un cuarteto valenciano.